Maya
Maya llegó como llegan las mejores, de la mano de alguien que la quería. Su dueña, una señora mayor, tuvo que regresar a Estados Unidos por su salud y quería que Maya quedara en un lugar donde la cuidaran y la quisieran, no simplemente venderla. Nos preguntó. Dijimos que sí.
Resultó ser justo la yegua que uno espera: firme en el sendero, paciente en las clases y tranquila con quienes apenas están encontrando su equilibrio. Si te da nervio tu primera cabalgata, Maya es un muy buen lugar para empezar.